Abuso Infantil Cotidiano

Estoy muy acostumbrada a escuchar que no hay abuso infantil y que no existe la violencia infantil cotidiana.

Cuando perdemos las formas con los niños y actuamos de manera abusiva, se tiende a considerar que es normal, porque son niños, hay que educarles, ¿Cómo les enseñamos entonces?

Hay tantas maneras de educar a un niño sin violencia, humillaciones, agresiones ni amenazas, que es muy limitante pensar que solo se puede educar a los niños y niñas de esta forma.

En ocasiones, las familias son conscientes de que no quieren relacionarse de esa manera con sus hijos e hijas, pero no saben cómo hacerlo y piden ayuda para aprender a manejar las situaciones de otra manera. A estas familias las acogemos con todo nuestro cariño, sin juzgar en ningún momento, ya que sabemos lo difícil y contradictoria que puede la crianza, ofrecemos nuestro acompañamiento en el proceso de comenzar una relación más sana con sus hijos, en la que la comunicación, límites y acuerdos estén basados en el respeto mutuo, el amor, la empatía y el conocimiento sobre el desarrollo infantil.

Pero en ocasiones, no podemos comenzar esta intervención, ya que nos quedamos en la primera fase, en la que se niega que exista el abuso de poder en la infancia, el maltrato infantil no existe, la violencia hacia los niños no se produce, directamente se niega su existencia.

Es muy difícil avanzar como sociedad teniendo una mirada más respetuosa hacia nuestra infancia si negamos lo que está ocurriendo.

Durante cuatro días he estado atenta para anotar situaciones de abuso infantil con las que me he ido encontrando. Mi idea era hacerlo durante un mes, pero reconozco que se me ha hecho muy difícil poder sostenerlo tanto tiempo, ya que tener la mirada puesta en situaciones de tanta violencia cotidiana, para poder analizarlo detalladamente es realmente duro.

Todas las situaciones que comento a continuación son totalmente verídicas.

Si alguno de los ejemplos que pongo te parece absurdo, de poca importancia o normal en la crianza de los niños y niñas prueba a sustituir a los protagonistas de estas historias por un hombre y una mujer adultos.

 

SITUACIÓN 1

 

Niño de unos 6 años: Tengo que hacer pis

Padre, en bajo, pero lo oímos todos: Me cago en su puta madre.

Padre, ya en alto: ¿A ti que te pasa para mear tanto?

Niño: Es que he bebido mucha agua.

Padre: Pues si sigues haciendo tanto pis vamos a tener que ir al médico porque eso es que estás malito.

Obviando el insulto enorme que acaba de recibir este niño solo por el hecho de tener que ir al baño, aprovechamos para meter miedo con el médico solo porque a este padre no le parece adecuada la frecuencia urinaria de su hijo.

 

SITUACIÓN 2

 

Estoy cansada, ¿Podríamos no madrugar tanto mañana? Niña de unos 8 años.

Padre: Te lo he dicho muchas veces, tu irás a dónde y cuándo nosotros digamos.

(Todo esto lo dice sin dejar de mirar el móvil)

 

SITUACIÓN 3

 

Cerca de un río, un padre a sus dos hijas:

Id a jugar al río, a ver si podéis estar sin molestar al menos media hora.

Porque para este padre, la sola presencia de sus hijas es molesta.

Y no solo es algo que piensa, si no que se lo expresa a las niñas, para que lo tengan ninguna duda de que sólo su propio ser es algo que molesta. Y si conseguimos estar media hora sin acercarnos a papá habremos conseguido no molestar.

 

SITUACIÓN 4

 

Uno de los que más miedo me dio, padre hablando en voz baja a su hijo de unos 9 años:

-Te vas a enterar cuando lleguemos a casa

 

SITUACIÓN 5

 

Madre se da cuenta de que su hija se había dejado su chaqueta en un banco. Le insta a volver a buscarla diciendo:

Como no esté la chaqueta vas a ver…

Esto ya es una amenaza en toda regla. La niña fue y volvió sin la chaqueta, ya no estaba…

Comenzó una bronca, y de entre todo lo que recibió esa niña por parte de la madre, la frase más dura y que más daño tuvo que hacer a esa mente infantil fue:

-No eres capaz de hacer ni una cosa bien

 

SITUACIÓN 6

 

Padre a bebé de 1 año y medio aproximadamente, en una silla metálica de terraza, enfadado:

¿Es que no puedes sentarte bien hasta que terminemos de comer?

Por lo menos en este caso va en forma de pregunta, y la respuesta es muy clara, pues no, obviamente no puede.

Tu bebé de 18 meses no es capaz de «sentarse bien» todo el tiempo que tú necesites hasta que termines de comer. Eso está muy por encima de sus capacidades.

El problema de no saberlo, es tuyo como padre, el problema de decírselo enfadado, a ver si así consigues que se esté quieto es tuyo como persona que intenta abusar de un niño con su autoridad de adulto.

Cerca de un río, un padre a sus dos hijas:

Id a jugar al río, a ver si podéis estar sin molestar al menos media hora.

Porque para este padre, la sola presencia de sus hijas es molesta.

Y no solo es algo que piensa, si no que se lo expresa a las niñas, para que lo tengan ninguna duda de que sólo su propio ser es algo que molesta. Y si conseguimos estar media hora sin acercarnos a papá habremos conseguido no molestar.

 

SITUACIÓN 7

 

Están presentes una madre, padre e hija, esta última se balancea en una silla:

-Siéntate bien. Dice su madre.

La niña deja de balancearse, al rato se le olvida y comienza a hacerlo de nuevo.

La madre vuelve a insistir,

-Que te sientes bien.

El padre no dice nada.

Al cabo de 10 minutos la niña vuelve a hacerlo. El padre, gritando:

-¡Cómo vuelvas a hacer eso con la silla te doy una hostia que te cruzo toda la cara!

Madre sopla como diciendo, «qué harta me tiene esta niña».

Después de tanta violencia la niña se levanta y se va a jugar a otro sitio, puede tratarse perfectamente de una medida de protección, no está segura de no volver a balancearse en la silla si se descuida. Puede ser una necesidad de alejarse de la persona que la ha tratado mal, puede ser la incapacidad de aguantar su vergüenza después de que la regañen. Lo que es real es que la violencia hacia los niños les separa de nosotros.

 

SITUACIÓN 8

 

Madre haciendo una foto a su hijo de unos 9 años, el niño sonríe con una mueca muy forzada. Madre:

Deja de hacer el tonto, y ponte normal.

Ya esto es algo que sorprende, para esta madre o eres tonto o eres normal. Seguidamente está madre le pide a su marido que le haga una foto.

Se sube a una piedra y extiende los brazos por encima de su cabeza.

Supongo que en este caso salirse de la normalidad para hacerse su foto si le parece correcto y no considera que le convierta en una persona tonta, pero decidir por su hijo que cara es la apropiada para sus fotos, increpándole con un insulto para que lo deje de hacer, es una contradicción que no se cómo puede sostener si la piensa mínimamente.

 

SITUACIÓN 9

 

-Niño de unos 6 años: ¿A dónde estamos yendo?

-Madre: (no contesta)

-Niño: ¿A dónde vamos?

-Madre: (no contesta)

-Niño, alzando la voz: ¡¿A dónde vamos?!

-Madre, alzando la voz: ¡Qué no chilles!

(No le contesta)

 

SITUACIÓN 10

 

Niña de 7 años a su padre:

No me gusta, no me lo quiero comer.

-Padre: ¿Y para que te lo pides? Ahora te lo comes.

-Niña: Yo no lo he pedido, ha sido mamá.

-Padre: (silencio, no contesta, no reconoce que se ha equivocado, no reflexiona sobre lo que hay que hacer, ni explica, solo silencio).

-Niña: No lo quiero

-Padre: ¡Qué te lo comas!

Se acabó el debate, nunca ha existido realmente el debate. Ha existido la necesidad de quedar por encima, si no es con argumentos es con autoridad.

Y si no te gusta lo que comes, te aguantas.

Como adultos no pedimos nunca algo que no nos gusta.

Eso no va reñido con enseñar a los niños a comer, respetando sus ritmos, proponiéndoles alimentos, texturas, dando ejemplo con nuestra dieta variada y respetando sus gustos como el resto de adultos hacen con nosotros.

 

SITUACIÓN 11

 

En un parque, el padre se dirige a una niña de unos 8 años, que está jugando en un columpio:

Ve a cuidar a tu hermano.

Se refiere a un niño de unos 2 años que se aleja corriendo hacia fuera del parque.

-Niña: Es que no quiero ir.

-Padre: Eres la peor hermana del mundo.

Uf, vaya afirmación dura. La peor hermana del mundo. De todas las hermanas que existen, está niña es la peor.

Quizá este padre no quería ejercer su obligación de cuidados hacia su hijo pequeño porque estaba más a gusto sentado en un banco e intentó que su hija mayor ocupase su lugar. No es responsabilidad de las hermanas mayores cuidar de los pequeños. En cualquier caso, se lo podía haber dicho de cualquier otra forma, al fin y al cabo, le estaba pidiendo un favor.

Pero parece que a papá no le gusta que le digan que no. Y al contestar ya se lo lleva al terreno personal «eres la peor hermana del mundo«. Además de ser falsa, esa afirmación tiene solo la idea de ser dañina para la niña que la recibe y hacerla sentir mal.

Una niña de 8 años no tiene capacidad de contestarte, ni siquiera de entender bien qué está pasando.

Quizá en unos años seas tú el que recibas un «eres el peor padre del mundo«, confío en que no y que consigas sanar la relación con tus hijos antes de sigáis avanzando por este camino.

 

SITUACIÓN 12

 

Madre: Comparte con tu hermana

Niña (Aproximadamente unos 3 años): ¡No! Es mío.

La madre le da un manotazo y la niña llora.

Madre: ¡Vale, ya, hombre! Que me tienes harta.

 

SITUACIÓN 13

 

Hay tormenta, un niño se tapa los oídos con las manos. Su hermano pregunta:

Abuela, ¿Por qué está mi hermano así?

Padre, al que nadie ha preguntado nada por cierto.

Porque es un «acojonao»

 

SITUACIÓN 14

 

Padre, a su hijo: Ven aquí

Niño de 6 años: Voy a subir al banco

Padre: ¿Qué es lo que no entiendes, tío? Que vengas aquí, joder.

La primera es una orden imperativa, lo que hace el niño es informar de lo que quiere hacer, pero de manera indirecta está pidiendo aprobación de su padre. Si es necesario que vaya en ese mismo momento y no podemos satisfacer su necesidad de movimiento, no es necesario que le demostremos con palabrotas y malas formas que tiene que obedecer a una orden aleatoria a la primera.

 

SITUACIÓN 15

 

Dos niñas juegan a empujarse, son hermanas. Se ríen.

Madre: Parad, ya. Que os vais a hacer daño.

Las niñas siguen, su madre insiste para que paren, pero las niñas se siguen empujando y se ríen más fuerte.

La madre va hacia ellas y les da un cachete a cada una, a una de las hermanas en el hombro y a la otra en la espalda.

Una de ellas llora, la otra mira al suelo.

Como esta madre no quiere que las hermanas se hagan daño decide hacérselo ella primero a las dos y así supongo que piensa que ha resuelto la situación.

 

SITUACIÓN 16

 

Niña, de unos 4 años: Mamá, ¡Coge la pelota!

Madre: Trátame bien, ¡Qué no me mandes! Que aquí la que manda soy yo.

Si tratarse bien es no mandar, pero la única que puede mandar es la madre ¿La madre es la única que puede tratar mal?

 

SITUACIÓN 17

 

Niño de unos 5 años en un banco. Se mueve y tira la ropa de su hermana que estaba apoyada encima.

Padre: ¡Lo has tirado todo! Estás gilipollas ¿O qué?

Si escucháramos este insulto dirigido desde un adulto hacia cualquier otra persona adulta nos escandalizaríamos pero, no pasa nada, solo es a un niño.

 

SITUACIÓN 18

 

Padre que está solo con tres niños, cenando. Un niño tira el agua.

Padre: ¡Ya van dos veces hoy!

La agarra con violencia y le levanta de la silla, el niño grita: ¡Nooo, no, no!

El padre le dice que ya no cena.

El niño llorar y repite: ¡Quiero cenar, quiero cenar!

El padre le deja apartado y vuelve a la mesa, el niño sigue llorando sonoramente.

El padre, que se siente observado, vuelve y le increpa al niño:

Padre: Corta esto ¡Ya! Deja de llorar.

El niño intenta parar pero le sale hipo, el padre insiste para que pare.

Finalmente le lleva de vuelta a la mesa.

El niño solo quiere que su padre le perdone, ha tirado el agua, él no quería que pasara. No lo ha hecho para fastidiar a nadie, solo ha tirado el agua.

Abraza a su padre y este le dice:

-Ahora no, déjame. Estoy muy enfadado.

Con que habilidad ha conseguido darle la vuelta a la situación, él está enfadado por algo que ha hecho el niño, y no puede perdonarle.

Pero se puede permitir realizar una acción tan violenta totalmente consciente, pedirle que deje de expresar su tristeza y rabia con su llanto y negarle el afecto porque en ese momento el niño no se lo merece, su padre está enfadado.

Lo peor es que probablemente el niño no recuerde cómo ha empezado la discusión, solo quiere que pare y hace lo que está en su mano, abrazar. Aún así es rechazado.

La pena que siento es tan grande que me tengo que ir.

Sé que tengo que intervenir, pero son demasiadas ocasiones, ocurre demasiado a menudo. Y en esta ocasión ni siquiera ha sido una violencia clara, un tortazo, un azote…

Que impotencia, rabia y pena.

 

Autora: Verónica Pérez Ruano

Directora y fundadora de Raíces Psicología Infantil.

Psicóloga experta en Terapia Infanto-Juvenil