Acoso escolar

El acoso escolar o bullying, está recibiendo mucha atención últimamente. No conviene confundir este nuevo interés con la idea de un aumento de estas conductas abusivas.

El acoso escolar ha existido siempre, pero ha sido disimulado bajo formas como “son cosas de niños”, “los niños pueden ser muy crueles”, “es que esta niña no hace nada por integrarse”, “las peleas son normales, a los 5 minutos ya son tan amigos…”, etc.

Es cierto que las condiciones sociales actuales y el uso de las nuevas tecnologías han hecho que cambie de forma y surja un nuevo interés, por lo que en ocasiones puede resultar confuso definir bien de qué estamos hablando.

Abordaremos a continuación las dudas más habituales respecto al acoso escolar, teniendo en cuenta a las víctimas, agresores, causas, consecuencias, testigos, colegio y familias.

 

¿Qué es el BULLYING?

 

Se puede considerar acoso cualquier conducta que tiene intención de ser dañina, que se repite (es decir, no es debida a un hecho puntual) y en la que existe un desequilibrio de poder entre el acosador y la víctima.

Suele ser muy característica la falta de provocación por parte de la víctima acosada.

Existen colectivos especialmente vulnerables a sufrir acoso, como son las personas con una diferencia física visible, etnias distintas a la dominante en la escuela y, especialmente, el colectivo LGTB.

 

TIPOS DE BULLYING

Hay que distinguir dos tipos de manifestaciones en el acoso escolar:

  • Directo: burlas, motes, críticas injustas, gestos de amenaza, golpes, robar, esconder objetos…
  • Indirecto: Influir en otros para que insulten, extender rumores, llamadas telefónicas anónimas, excluir…

BULLYING escolar

No existen actualmente programas específicos comunes para prevención y actuación en caso de violencia en las aulas.

Es necesario implantar programas reales que ayuden en la prevención, ya que actualmente la intervención por parte del centro suele hacerse cuando ya existe el problema y habitualmente con métodos ineficaces que detienen la conducta en ese momento pero no solucionan el problema (sal al pasillo un rato, castigado sin recreo, etc.).

Ante un episodio claro de violencia, el profesorado debe intervenir ya que lo que un docente ve y no interrumpe queda autorizado.

Existen algunos problemas que impiden que esta situación, cuando ya se ha producido, pueda mejorar. Una de las causas más habituales es la falta de formación del profesorado para saber cómo actuar.

Otra causa que podemos encontrar detrás de la no intervención de algunos colegios e institutos es el temor a la reacción de las familias. En ocasiones este temor juega en contra de las intervenciones, ya que los centros sienten que van a recibir críticas por el abordaje de la situación y pueden tender a taparlo u ocultarlo ante la posibilidad de generar una situación desagradable para el centro escolar.

Por otro lado, la falta de tiempo en los centros para abordar y consensuar los métodos de actuación dificulta una intervención rápida.

 

Ser testigo del acoso escolar

acoso escolar

Actualmente, cuando existe un conflicto, la resolución más habitual pasa por una actuación rápida e ineficaz entre el agresor y la víctima, sin tener en cuenta el papel tan importante que tiene el resto del alumnado.

Es importante tener en cuenta que ser testigo de violencia tiene consecuencias igualmente negativas, como podrían ser:

  • Copiar la conducta del acosador
  • Sentir miedo a que les ocurra a ellos
  • No gestionar sus propias emociones ni saber interpretar lo que están sintiendo.
  • Desarrollar paulatinamente falta de empatía

COMO PrevenIR EL ACOSO ESCOLAR

El acoso escolar se debe prevenir desde el entorno escolar, pero también desde el familiar

Algunas de las actuaciones que como familia podemos realizar para evitar las conductas de acoso serían:

  • No practicar un modelo de crianza muy autoritario.

Educar a nuestros niños con un estilo parental muy autoritario, en el que la norma es muy rígida e inamovible, en el que no se deja espacio para la reflexión y se utilizan habitualmente frases como “lo vas a hacer porque yo lo digo” o “porque soy tu padre” o “porque mando yo”, facilitará que repitan estos patrones en el colegio, bien en el lado del acosador o bien en la posición de víctima, ya que asumen que este trato está justificado.

Mantener en casa un trato más democrático, en el que poder expresar nuestro desacuerdo sin ser juzgados, facilitará que en clase no permitan que se les aplique un trato poco respetuoso o, directamente, hostil.

Si somos excesivamente rígidos con los niños es probable que ejerzan después un trato o similar o por el contrario que lo permitan.

Hay un gran paralelismo entre tratar de manera estricta a los hijos y que estos permitan después que les traten de la misma manera fuera de casa o que reproduzcan estos métodos autoritarios.

Criar con violencia, ya sea física o verbal, aumenta la probabilidad de que los niños se coloquen en uno de estos dos tipos perfiles, por un lado niños que pueden dejar a sus compañeros tener conductas violentas con ellos ya que sienten que es una manera habitual de ser tratados o niños que van a reproducir esta fórmula en clase y copiar conductas que ven en casa.

  • Conocer bien qué es el acoso

Para prevenir el acoso escolar lo más importante es que los alumnos conozcan de qué estamos hablando, que conozcan las conductas que son consideradas como acoso escolar.

En una gran mayoría de veces las personas principales que pueden detectarlo no son el profesor, ni siquiera la víctima, sino el resto de compañeros del aula que están mirando y siendo testigos de lo que ocurre.

Es muy importante trabajar con todos los alumnos sobre el bullying:
Qué es, qué tipo de conductas dejan de ser un juego para convertirse en una hostilidad continuada hacia uno de los compañeros, qué conductas están generando mucho malestar en otra persona, conocer mecanismos que pueden utilizar para detenerlo…

Es importante que existan en el aula espacios de debate donde los niños y niñas puedan expresarse para evitar que estas conductas pasen desapercibidas.

También hay que generar espacios de reflexión en los, tanto el profesorado como las familias puedan recordar que no está justificado bajo ningún concepto hacerte sentir mal a uno de los compañeros o compañeras, que tenemos que ser respetuosos, trabajar con empatía y no provocar en otra persona un sentimiento de vulnerabilidad.

 

Acoso escolar: Consecuencias

Si se ha sufrido acoso escolar, siempre es recomendable acudir a un profesional de la psicología infantil, ya que el malestar emocional que se ha generado puede quedar latente.

Hay niños que aprenden a disimularlo como mecanismo de defensa para protegerse, pero es recomendable que entiendan que en casa existe un espacio seguro en el que pueden hablar sin sentirse juzgados, donde pueden expresar su malestar, dolor o rencor.

Atender a las emociones que estén sintiendo pasa por ser capaces nosotros, como padres, de sostener su inseguridad y miedo. Si la situación nos supera, es recomendable pedir ayuda para poder abordarlo. Primero tenemos que encontrarnos bien nosotros para poder ayudar a nuestro hijo o hija.

Una de las consecuencias más habituales tras sufrir acoso escolar es la sensación de que el entorno se ha vuelto inseguro y que en cualquier otro momento les puede volver a suceder lo mismo, sin que ellos puedan hacer nada por evitarlo.
Esta situación en psicología se llama indefensión aprendida. Si sucede, es necesario atenderlo para evitar que se generalice a otras situaciones o experiencias vitales.

Por otro lado, una de las consecuencias más habituales que pueden encontrar los niños y niñas que han sufrido acoso escolar es el miedo.
En ocasiones este miedo se traslada al entorno escolar, como no querer ir al colegio, malestar al ver la mochila escolar, los libros de texto, y, en definitiva, casi todo lo que les recuerda al colegio o instituto, como el uniforme o los compañeros.

En otras ocasiones el miedo se generaliza a otros ámbitos de su vida, como puede ser el miedo nocturno y la resistencia a irse a dormir.
Pueden empezar a mostrar conductas de miedo que reaparecen cuando ya estaban superadas, como, por ejemplo, miedo a irse a la cama por la noche solo.

Es necesario que el niño se sienta seguro para solicitar ayuda a sus padres, pero en este caso se hace imprescindible trabajar el malestar emocional, que entienda que la tristeza o frustración se está expresando en forma de miedo infantil.

En otras ocasiones también pueden dejar de controlar los esfínteres y hacerse pis por la noche o tener escapes de caca, en este caso es especialmente importante consultar con un profesional ya que la caca está muy relacionada con la gestión del estrés y la gestión emocional. Esta encopresis suele indicar una pobre gestión emocional o grave desorden emocional.

Otra de las posibles consecuencias del acoso escolar es la bajada generalizada de notas, así como la desatención, la falta de motivación y la pérdida de interés en general por muchas de sus actividades de la vida diaria.

Actividades que antes les motivaban y gustaban, ahora han perdido totalmente el atractivo. Puede, por ejemplo, dejan de querer ir a la piscina, a los cumpleaños, al parque, etcétera.

Por otro lado, una de las consecuencias más frecuentes es la evitación.
Practican muchas conductas de evitación de lugares, personas, situaciones o actividades por miedo e inseguridad.

Otra consecuencia que aparece tras sufrir acoso escolar son las conductas de seguridad.

Las conductas de seguridad son conductas aprendidas que les dan confianza, por lo que las repiten, en ocasiones, como un ritual:

Evitar pasar por delante de la puerta del colegio incluso cuando hay que dar un rodeo, no pasar cerca de la casa de uno de los niños que le acosaba, evitar decir ciertas palabras, etcétera

Causas DEL ACOSO ESCOLAR

Hay que tener en cuenta que los factores de riesgo que hacen que sea más posible el acoso escolar son solo probabilidades, no hablamos de certezas.

Si existe un determinado factor de riesgo, entonces aumenta la probabilidad de que aparezca el acoso, pero existen casos de menores en los que aparecen varios factores de riesgo juntos y aún así nunca se dan estas situaciones de bullying.

Cuando recibimos consultas de las familias referentes a este tema normalmente suelen acudir por parte del agredido pero no del agresor.
Pero es importante que hagamos algunos apuntes respecto a las características o factores de riesgo que hacen más probable que una persona cometa abusos o intimide a otras, es decir, los factores de riesgo del agresor. Algunos de ellos podrían ser:

  • El sexo masculino

La agresividad en la primera infancia suele repartirse de igual manera entre los dos sexos, pero a partir de primaria y ya durante el resto de la vida, es mucho más pronunciada en el sexo masculino.

Detrás de esto hay muchos estudios que, aunque no aportan datos concluyentes, si parecen indicar algunas de las razones que lo explican, como, por ejemplo, las conductas machistas que se transmiten socialmente o un aumento de la testosterona.

  • Existencia de problemas familiares.

En este caso se incluyen diferentes problemas, como divorcios, enfermedad de los familiares, fallecimiento de un miembro de la familia…

Pero un problema familiar que especialmente favorece que un niño pueda convertirse en agresor es que haya sufrido o sido testigo de violencia.

  • Que existe algún trastorno psicológico específico

Un factor de riesgo que facilitaría que una persona se convierta en agresor, sería la existencia de algún trastorno previo, tal como el trastorno disocial, que sería la versión del trastorno antisocial de la personalidad, pero en la infancia.

Son personas que no empatizan con las víctimas, les cuesta ponerse en el lugar de otros, no sienten remordimientos e incluso pueden llegar a disfrutar con el sufrimiento de otras personas.

Es muy importante detectar este trastorno lo antes posible ya que habitualmente al avanzar la edad tiene hacerse más acusado y a descontrolarse.

Como ya hemos visto, el haber sufrido o sido testigo de violencia dentro del hogar, facilita convertirse tanto en agresor como en víctima.

Las víctimas de violencia, posteriormente, pueden colocarse en la posición de agresor o de agredido, ya que son dos patrones de conducta que han aprendido y que pueden repetir.

Esta situación, en ocasiones, puede parecer algo contradictorio y difícil de interpretar, ya que parece que si se ha sufrido una situación de violencia y se ha pasado mal, no debería poder reproducirlo, pero estos patrones se quedan grabados y hacen posible hacer pasar a otras personas por una situación similar. Es importante destacar que los aprendizajes que tienen lugar en la primera infancia poseen una alta capacidad de integrarse en el registro de conducta de una persona.

Esta imitación de conductas violentas tiende en muchas ocasiones a reproducir en el ámbito escolar. Además de que estas conductas pueden convertirse en un acto de desahogo y hacer que sus acciones violentas sean vías de escape para la propia violencia que sufre.

En el caso de las víctimas es más fácil o intuitivo de entender cómo se sitúan en esta posición pasiva si ya sufren violencia en casa, ya que simplemente repetiría en sus conductas del hogar en diferentes ambientes.

En ocasiones estos niños se muestran muy tímidos, recelosos de participar, asustadizos, muy sensibles a las burlas…
Y justamente esta sensibilidad para sentirse ofendido ante las bromas es una de las características que le hacen más propensos a sufrirlas.
Los niños que son muy susceptibles a comentarios sobre ellos mismos, despiertan el «interés de molestar», en ocasiones los profesores con su mejor intención dicen frases como «no molestes a Lucía que no quiere que toques sus cosas», si no hay un correcto acompañamiento esto puede actuar casi como un reclamo precisamente para que ocurra.

  • Padecer alguna enfermedad o trastorno

Cualquier condición que sea llamativa y que haga que un niño sea diferente hace más probable que aparezca el acoso.
En este sentido la sociedad y en concreto la escuela tienen que hacer una autocrítica y sería necesaria una reflexión colectiva.

La escuela tradicionalmente ha castigado sistemáticamente a los niños que son diferentes:

Los que hablan mucho, los que hablan poco los que se mueven demasiado los que no quieren jugar los que tienen pocos amigos los que realizan juegos demasiado bruscos…
Y esto se aprecia en el aula continuamente con las intervenciones del profesorado, los niños captan rápidamente que ser diferente es motivo de rechazo.

Entienden que hay que adecuarse lo máximo posible a una norma previamente establecida, o si no le llamarán la atención.

 

Acoso escolar ¿Cuándo acudir al psicólogo?

acoso escolar

  • Es necesario buscar ayuda psicológica si los menores han sufrido o vivido situaciones de violencia en casa, ya que esta situación aumenta considerablemente la probabilidad de que se conviertan tanto víctimas, como en acosadores.
  • Si los niños relatan que han sufrido violencia o tienen miedo de que les pueda ocurrir.
  • Si han sido testigos de violencia y sienten miedo, ansiedad, tristeza, aislamiento…
  • Si descubrimos que nuestro hijo es uno de los acosadores en la escuela.
  • Es necesario pedir ayuda si sabemos que nuestro niño tiene probabilidades de ser uno de los acosadores o potencialmente convertirse en una persona que pueda hostigar a otras.

Deberemos responsabilizarnos de esta conducta y ser muy sensibles a posibles situaciones en las que lo haga.

Se pueden practicar alternativas de actuación que no pasen por la conducta agresiva o reflexionar sobre valores como el respeto o la empatía.

Como padres siempre que tengamos dudas es bueno consultar con un profesional de la psicología infantil, no necesariamente en todas las ocasiones será imprescindible acudir a un psicólogo ya que hay pautas y herramientas que se pueden trabajar directamente desde el ámbito familiar y pueden ayudar a reconducir la situación.

Si se trata de un adolescente o un niño con suficiente madurez emocional, si puede ser recomendable que acuda a consulta para que pueda elaborar una explicación a lo ocurrido y entienda qué ha pasado.

Aunque en ocasiones se valore externamente que la situación se ha superado, puede seguir mostrando conductas de evitación y de seguridad, que dificultan su integración posterior en otros espacios.

 

Soluciones AL BULLYING ESCOLAR

Cómo en todos los conflictos, la resolución es algo complejo y que involucra a todas las partes implicadas.
Hay que tener en cuenta tanto al acosador, como a las personas que sufren bullying, al resto de niños de la clase que han sido testigos y al centro escolar que tiene que tomar medidas restaurativas y mejorar su prevención para que no vuelva a suceder

  • Acosador

Es necesario que asuma el daño que ha causado, que sea consciente de las consecuencias de sus actos y que intente restaurar el daño, en la medida de lo posible y hasta el punto en el que la víctima se sienta cómoda.
En ocasiones, se ha intentado forzar un acercamiento entre víctima y agresor «ahora vais a ir juntos como compañeros en esta excursión» sin tener en cuenta el verdadero sentir de la víctima y si estamos volviendo a hacerle pasar un mal momento.

Es necesario tener en cuenta la edad de los chicos, su grado de madurez y su capacidad de empatía, es decir, de ponerse en el lugar de la persona dañada.

  • Víctima

La doble victimización es un fenómeno fácilmente reproducible y tenemos que tener mucho cuidado con que no se produzca. En esta situación la persona que ha sufrido abuso reexperimenta su papel de víctima al tener que enfrentarse de nuevo a su acosador, emociones y situaciones asociadas que fueron traumáticas y dolorosas, y que tiene que repetir de nuevo.

Una posible solución es darle un nuevo espacio en el aula, dónde se sienta más seguro, quizá más cerca a del profesor o de uno de sus mejores amigos, y estar más pendientes de cómo se encuentra emocionalmente.

  • Profesores

Ante un episodio claro de violencia los profesores deben intervenir, pero teniendo en cuenta una serie de circunstancias que suelen rodear a las situaciones de bullying.

  • Se tiende a emitir opiniones antes de escuchar a los afectados. Es importante no guiarse por la imagen previa que se tiene de los alumnos y escuchar a todas las partes implicadas porque en ocasiones pueden producirse errores muy graves si nos dejamos guiar por nuestras interpretaciones de las situaciones.
  • Tiene que existir un momento real de reflexión sobre lo ocurrido y no caer en las soluciones fáciles.
    Mediante la reflexión brindamos la posibilidad de transformar la experiencia vivida en un aprendizaje.

Este es uno de los puntos que más se trabaja en consulta de psicología, el transformar un episodio sufrido en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.
Cuándo se trabaja los niños así lo entienden y pueden incorporarlo de una manera menos dolorosa, porque pasa a ser tratado como un reto y un aprendizaje.

  • Las sanciones deberían ser consensuadas por los alumnos como grupo, por los docentes y las víctimas.

Un grupo en posición de reflexión llega al entendimiento real del problema, a su raíz.
En estos grupos de reflexión en los que se encuentran los testigos, la víctima y el agresor, es habitual que el agresor sienta la vergüenza de que el grupo sepa lo que ha hecho y es muy habitual que posteriormente quiera intentar paliar su daño.

También es restaurador para la víctima ver que su agresor se arrepiente y que el grupo se posiciona con ella, lo que le ayuda a restaurar el daño. De igual manera, el agresor siente que su conducta es rechazada y es menos probable que vuelva a producirla.
No es muy habitual encontrar esto en las aulas, sí suele darse que el profesorado imponga un castigo automáticamente o que el centro expulse preventivamente al acosador, se ha demostrado que este tipo de conductas generan frustración y hacen más probable que el agresor se vuelva contra la propia víctima y pueda generar más violencia.

Atender de manera individual al agresor y darle un espacio para que entienda qué le ha llevado a producir esta conducta podría ayudarle a entender las causas y a detectar si existe algún problema mayor debajo de su conducta.

Por lo tanto, el colegio debe:

  • Identificar el alcance del problema en el centro mediante una evaluación
  • Realizar campañas de concienciación, en las que también se tenga en cuenta a las familias
  • Implicar a los alumnos y profesores en la elaboración de normas, acuerdos de convivencia y ponerlas en práctica
  • Realizar intervenciones individuales con acosadores y víctimas
  • Incrementar la supervisión de los casos de alto riesgo

 

Acoso escolar en España

El bullying o acoso escolar es un problema que, aunque ha existido desde siempre, está empezando a recibir la importancia que merece.

El acoso es un problema que tiene que abordarse desde todos los ámbitos de la sociedad:

Por un lado, desde el colegio, que tiene que aprender a detectarlo en sus primeras formas y poner en marcha los programas necesarios de protección. En España, seguimos necesitando programas de prevención para evitar que estos problemas aparezcan y estrategias para formar a los niños y niñas para detectar el acoso y aprender a actuar frente a él.

Por otro lado, desde el Estado se deben prestar servicios especializados, tanto para prevenir el bullying como para actuar cuando ya ha ocurrido, mediante medidas rápidas y efectivas que protejan a los menores y les permitan continuar su vida con normalidad en el menor tiempo posible.

Por último, es necesario trabajar el tema desde la familia, donde pueden encontrarse con dos situaciones posibles:

Que un menor de la familia sufra acoso, o que uno de los miembros de la familia esté acosando a otros niños o jóvenes.

 

Acoso escolar, ¿QUÉ HACER COMO PADRES?

acoso escolar


1. ¿Qué hacer como padres si nuestro hijo o hija está sufriendo acoso en el colegio?

  • ESCÚCHALE CON ATENCIÓN.

No quitar importancia a lo que nos cuenta o mostrar indiferencia.

En ocasiones, quitamos importancia a las cosas que nos cuentan los niños, ya que pensamos que de esta manera, ellos verán que no es tan relevante y lo dejarán pasar sin prestarle tanta atención la próxima vez que les suceda.

Los más pequeños pueden interpretar estas conductas como falta de atención y asumir que sus padres o cuidadores no ven importante lo que les está ocurriendo y decidir no compartirlo de nuevo en un futuro si vuelve a ocurrir.

Es necesario que los niños y niñas encuentren un espacio seguro en el que poder expresarse y hablar con libertad y sin ser juzgados.

De esta manera, podremos estar más seguros de conocer su estado de ánimo, estar al corriente de las situaciones incómodas que puedan estar viviendo o del grado de malestar que les puede estar causando las acciones de sus compañeros.

Por ejemplo, si un niño llega a su casa contando que el resto de niños se meten con él por su corte de pelo, y nosotros contestamos «bueno, tu diles que te da igual lo que digan, no les hagas caso» e ignoramos el tema, no está teniendo lugar una escucha activa, en la que le podríamos preguntar, por ejemplo, «¿Y tú qué haces cuando te dicen eso?» o indagar sobre sus sentimientos «¿Y cómo te sientes? ¿Eso te pone triste?».

De esta manera, podemos conocer el grado real de malestar que le causa al niño, y no dar por hecho que es algo sin importancia.

La infancia es un periodo especialmente vulnerable, ya que los niños y niñas tienen menos recursos para poder enfrentarse a situaciones conflictivas.

De la misma manera, la adolescencia es complicada en lo referente al acoso escolar, ya que el grupo de iguales en este periodo es de vital importancia para su desarrollo social, y tienden a considerarlo su grupo de referencia, por lo que críticas, burlas o rechazo pueden provocar sentimientos de soledad, culpa, inferioridad, ansiedad o depresión.

  • ENSEÑARLE A PEDIR AYUDA

Si sabemos que está sufriendo alguna situación de acoso en el colegio, tenemos que animarle a que pida ayuda siguiendo los canales que hay para ello, como por ejemplo, ponerlo en conocimiento del profesor.

Animarle a que lleve a cabo conductas parecidas a las que sufre él, como por ejemplo «si te pegan, tu pega» solo va a empeorar el problema, además de que le estaremos enseñando que esa es una buena manera de solucionar los problemas.

No tendríamos derecho para decirle que lo que le está pasando es algo malo que no se puede consentir, pero animarle a que él haga lo mismo con sus compañeros.

Lo mejor en estos casos es ponerlo en conocimiento del centro educativo, para que tomen las medidas oportunas.

También es recomendable enseñarle conductas de seguridad y protección para que evite situaciones desagradables y pueda prevenirlas, pero esto no pasa por imitar las conductas de los acosadores.

  • DEBEN ENTENDER QUE SIEMPRE HAY UNA SALIDA

Dependiendo de la gravedad de la situación, será necesario tomar unas u otras medidas de protección.

En cualquier caso, es necesario que los niños y niñas comprendan que siempre existen maneras de evitar la situación conflictiva y solucionar el problema.
De la misma manera que tienen que comprender que contarán siempre con el apoyo incondicional de sus padres.

En ocasiones, un cúmulo de factores (poca comunicación por parte de los menores, no detectar el problema a tiempo, falta de medios en los colegios, insuficiencia de recursos por parte de las instituciones, etc.) ha llevado a los menores a tomar decisiones límites, como autolesionarse, fugarse de casa o incluso quitarse la vida.

Estos hechos nos indican que los niños entendían que no existía otra manera de evitar la situación que les estaba haciendo daño.

Es importante que comprendan que siempre hay alternativas, desde cambios de colegio, expulsión de los acosadores del centro educativo o incluso abandonar los estudios durante un curso si el menor se encuentra realmente superado por la situación.

Nada será nunca más importante que su bienestar personal, tienen que comprenderlo y pedir ayuda cuando vean que no pueden controlar la situación, de la misma manera que tienen que comprender que contarán siempre con el apoyo incondicional de sus padres.

2. ¿Que hacer como padres si nuestro hijo o hija está acosando a otros niños en el colegio?

  • NO LE DISCULPES

No intentes buscar una excusa para poder justificarlo delante de los profesores o los padres del otro niño al que ha acosado.

Es importante comprender qué le está llevando a actuar de esa manera, pero no utilizarlo como justificación para quitarle importancia a lo que ha ocurrido.

Que tu hijo tenga conductas dañinas hacia otros niños no significa que sea mala persona, pero sí demuestra que no está siendo consciente del daño que causa, o que le cuesta empatizar con los sentimientos de otras personas o que está obteniendo algún tipo de ganancia por llevar a cabo estas conductas violentas, como por ejemplo, ser respetado en el colegio, ser considerado el “gracioso de la clase”…

Hay múltiples causas que pueden estar provocando la situación, pero disculparle o quitarle importancia a los hechos, aumentará la sensación de culpabilidad de la víctima, y reforzará su idea de que él lo está haciendo bien.

Los niños y niñas tienen que entender que nosotros les apoyamos y les queremos hagan lo que hagan, pero hay determinadas conductas que no son apropiadas y no podemos consentir, aunque sigamos queriéndoles incluso si las llevan a cabo.

  • NO PERMITAS QUE TUS HIJOS CRITIQUEN O SE BURLEN DE OTROS NIÑOS.

Si en casa oyen continuas críticas hacia otras personas por el hecho de ser diferentes, utilizando calificativos para describir a la gente como lentas, torpes o molestas, ellos aprenderán que criticar lo que es diferente o molesto para ellos y empezarán a hacerlo sin problemas con sus compañeros.

La tolerancia y el respeto se enseña mediante el ejemplo.
Si existe una contradicción entre lo que sus padres dicen y lo que hacen, los niños siempre se fijarán en las acciones más que en las palabras y reproducirán las conductas que han visto llevar a cabo en casa.

  • INTENTA QUE RESTAURE EL DAÑO QUE HA CAUSADO.

Los castigos externos a la situación conflictiva (castigado sin recreo o te quito el móvil, por ejemplo), no producen aprendizaje, no mejoran el daño que han causado e incluso pueden contribuir a aumentar el odio hacia la víctima, ya que piensan que es el responsable de que ellos ahora estén recibiendo un castigo.

Con un adecuado programa en el centro educativo, pueden reunirse víctima y agresor y llevar a cabo una mediación.
Si el colegio no cuenta con estos programas, podemos hablar con el niño para llegar a un acuerdo con él y ver qué cosas están en su mano y puede realizar para mejorar la situación del menor al que ha acosado, como por ejemplo, reconocer delante de la clase el error cometido, ayudar a integrarle de nuevo, comprometerse a no volver  a hacerlo o ayudarle si alguien vuelve a meterse con él…

Cuando los niños comprender el dolor que han causado a otra persona, normalmente quieren remediarlo e incluso protegerle de amenazas futuras.

No deberíamos tener miedo a sentar a los niños a hablar en situaciones conflictivas, les estamos enseñando maneras pacíficas y dialogantes de resolver los problemas, además de a restaurar el daño causado. Este aprendizaje es mucho más importante que el que pueda desprenderse de una semana castigado sin ver la televisión.

Es necesario que conozcan cuales son los límites de su propia seguridad, que ninguna persona debería pasar nunca, pero teniendo herramientas y recursos para poder enfrentarlos con seguridad.

Debemos enseñar a los niños y niñas, como piezas clave de la sociedad que queremos llegar a ver algún día, a afrontar las situaciones difíciles y conseguir, mediante el diálogo y las acciones constructivas, a superar los obstáculos, sin caer en el odio y la venganza.

 

Diferencias en el acoso escolar entre primaria y secundaria

 

Acoso escolar en infantil

acoso escolar

En esta edad tan temprana los modelos de acoso se dirigen a los niños más sumisos o incluso niños más pequeños que ellos que se muestran muy inquietos.

En esta edad, la forma más habitual de manifestarse el acoso son los golpes y los insultos.

Las víctimas reaccionan de diferente manera a la violencia, pero lo más frecuente en esta edad es:

Sentirse indefenso, experimentar miedo generalizado, confusión, dificultad para identificar qué es lo que les molesta, incapacidad para verbalizar su vivencia emocional, síntomas regresivos, como chuparse el dedo o hacerse pis y reticencias para separarse de los adultos.

Suelen mostrar una mala concentración y a veces dificultades de aprendizaje, se sienten responsables y se culpan por el incidente por lo que pueden sentir tristeza o enfado.

Los trastornos de sueño también son muy habituales en esta edad, así como la preocupación por su seguridad o la de los familiares que les rodean.

En ocasiones su conducta está alterada y muestran patrones agresivos o incongruentes.
Los niños más pequeños que suelen ser víctimas lo hacen por sus características pasivas es decir por ser tímidos, retraídos, inmaduros…

A partir de 4º de primaria es más normal que el blanco de los acosadores sean los niños con unos rasgos determinados físicos como su talla, peso, tener las orejas demasiado grandes, la nariz algo torcida o unas determinadas características de conducta como enfadarse rápidamente o ser muy activo.

Los niños pequeños tienden a contar más lo que ocurre, por lo que en este caso es difícil que la violencia trascienda.

En los niños mayores lo más habitual son motes, burlas, empujones, aislamiento y engaño.

La prevención en primaria pasa por:

-Implicar al centro educativo y a la familia
-Crear en la escuela un clima de firmeza y seguridad

Tener un profesorado accesible para alumnos y familias que apoyen y comprendan las necesidades de sus alumnos y exijan políticas de prevención.

El acoso es una conducta aprendida pero también lo es el respeto.
La mejor manera de aprender el respeto es por imitación, viendo que los adultos rechazan cualquier tipo de acoso, incluso si lo cómete su propio hijo.

Durante la educación primaria es útil utilizar contratos de conducta que firman los profesores con los alumnos que hayan ejercido violencia en otras situaciones.
Por su propio momento evolutivo, entienden las normas y acuerdos de convivencia como algo inmutable y se pueden aprovechar de esta actitud para modificar sus conductas erróneas.

Las sanciones ante el acoso son positivas porque la víctima percibe que hay consecuencias para su agresor y los testigos aprenden de ellos.

La expulsión no es recomendable porque cuando se aparta el menor del conflicto no se genera aprendizaje el hecho de pasar 3 días en casa puede ser incluso reforzante.

El único caso en el que una expulsión del acosador podría ser recomendable es cuando peligra la seguridad de la víctima, ya que ha llegado a ocurrir que la víctima tenga que ser la que se retire de la situación, provocando una doble victimización.

Los programas de mediación son muy útiles en los centros escolares ya que se enseña a los propios alumnos a mediar en los conflictos de sus compañeros.

De esta manera, se da lugar a un grupo de alumnos maduros responsables y con estrategias.

Con niños de primaria estos programas de resolución de conflictos no se usan de manera aislada sino que se incorporan en la estructura del aula.

 

Acoso escolar en secundaria

 

acoso escolar

La adolescencia es una época de dificultad y confusión que se agrava si existen unas pobres relaciones entre iguales .

Algunas características propias de esta edad, y que modifican el abordaje en casos de acoso son:

  • Aceptan menos un trato paternalista.
  • Habitualmente hay más alumnos por aula.
  • Los niños y niñas acostumbrados a tener un profesor la mayor parte del tiempo, pasan a tener seis o siete y raramente bien a su tutor. El acoso se puede ver favorecido por esta situación ya que intentan establecer un dominio de este nuevo sistema.
  • Entre los 11 y los 14 años se produce el mayor riesgo de sufrir bullying, ya que social y emocionalmente están en una época importante para fomentar su sensación de pertenencia.

Las características de las víctimas en esta edad podrían ser: Personas con una peor adaptación social, mayor dificultad para hacer amigos, que sienten una mayor soledad, de bajo estatus académico, que muestra mayor ansiedad o una mala autoestima.

Las características de los acosadores en esta edad suelen ser niños que poseen una mala adaptación escolar, que más consumen alcohol o tabaco, qué obtienen malas calificaciones y que no están tan aislados como las víctimas.

Todas estas características pueden darse tanto en el acosador social (el que tiene habitualmente buenas capacidades, muchos amigos, buenas notas y buenas relaciones sociales) como en el acosador antisocial.
Son más populares que la víctima y han podido sufrir previamente violencia.

 

AcTUACIONES EN EL INSTITUTO

El acoso no es una conducta aceptable por ello todos los adultos deben trabajar juntos para abordar el acoso, tanto profesores como padres de acosadores y padres de víctimas.
La colaboración integral reduce la aparición de acoso.

 

AcTUACIONES EN CASA DURANTE LA EDUCACIÓN SECUNDARIA

Que exista un entorno sano de aprendizaje en el que se definen bien las conductas que son adecuadas y las inadecuadas.

Generar un espacio en el que las necesidades de apego entre iguales sean importantes se valore el sentimiento de pertenencia tener un grupo pero crear un buen clima de comunicación.