CONTROL DE ESFÍNTERES. Pasos a conseguir en el proceso y qué hacer para acompañar

¿Qué es el control de esfínteres?

El control de esfínteres es un proceso complejo de maduración de los hábitos relacionados con la micción y la defecación que tiene lugar durante la infancia, por lo tanto, es un proceso natural y universal: todos lo logramos antes o después.

En otras palabras, el proceso de control de esfínteres es como el de aprender a andar o hablar: en todos ellos la maduración biológica es el factor determinante. Así, no es posible enseñar a un niño a andar antes de que esté preparado para hacerlo. Y lo mismo ocurre con el pañal.

Por lo tanto, no se aprende a quitarse el pañal, sino que es un proceso que se adquiere cuando el niño es lo suficientemente maduro.

Se inicia a en torno a los 18 meses y suele completarse en torno a los 3 años, cuando la mayoría han adquirido la capacidad para contraer la musculatura y retener la orina durante cierto tiempo.

Es muy importante dejar claro que el proceso para controlar el pis y la caca, es una habilidad que todos los niños sanos acaban adquiriendo. Sin embargo, cada niño tiene un ritmo de desarrollo diferente, por este motivo, aunque otros niños cercanos al entorno y de edades similares adquieran el control de esfínteres, no es justo realizar comparaciones.

Al respecto, puede ser de gran ayuda tener una cierta orientación para identificar aquellos signos que sugieren que el pequeño está preparado, así como pautas para ayudarle a conseguirlo y afrontar las complicaciones que podemos encontrarnos a lo largo de todo este proceso.

Factores que intervienen

Los principales factores determinantes en el control de esfínteres son:

  • Factores emocionales: Es importante que sus necesidades afectivas estén cubiertas. También es necesario haber construido su identidad, es decir, conocer su cuerpo, reconocerse…
  • Factores fisiológicos: poseer destrezas motrices que le permitan agacharse, girar, subir, bajar, saltar, así como ser capaz de contraer esfínteres y luego relajar. A través del movimiento libre (suelo, pies descalzos, etc.) se consigue el desarrollo óptimo de los músculos implicados en el control de esfínteres.
  • Factores neurológicos: disponer de lenguaje comunicacional, esto quiere decir, que pueda ser entendido y la capacidad de comprensión necesaria para poder integrar todo lo que esta ocurriendo en su cuerpo.
  • Factores nutricionales: la falta de hidratación puede provocar una disminución de la necesidad de orinar, por lo que es importante incluir cantidades suficientes de agua en el día a día. De la misma forma, es importante asegurar un adecuado aporte de fibra proveniente de la dieta, con el objetivo de que las defecaciones puedan acontecer regularmente.
  • Factores conductuales: el exceso de castigos, las referencias negativas a no conseguir los logros que esperamos y la presión externa por dejar el pañal, hace que el hecho de ir al baño se convierta en un reto cargado de expectativas, incertidumbre y tensión. Por este motivo, es muy importante evitar regañar, poner malas caras o tener una actitud negativa.

¿Cómo es el proceso? Un poco de biología.

El control de esfínteres está determinado por el sistema nervioso central. Supone un proceso de maduración, ya que el cerebro es el que determina cuando se ha alcanzado la madurez suficiente para llevarlo a cabo.

El desarrollo se produce de forma cefalocaudal, es decir, de cabeza a pies. Cuando la vejiga y el recto están llenos, se estimulan receptores que envía impulsos a través de los nervios espinales a la médula espinal y luego a la corteza sensitiva, donde se percibe la necesidad de orinar y/o defecar.

Sin embargo, el esfínter externo se encuentra bajo el control voluntario, y en general, se mantiene contraído hasta que la persona decide ir al baño. Para que pueda contraer, cerrar y decidir es necesario su maduración, no se puede aprender.

La zona del cerebro que se encarga de la inhibición es la corteza, una de las últimas zonas cerebrales que madura.

A lo largo de todas estas fases, la información viaja de la médula a la corteza pasando por el sistema límbico, el cual se encarga del procesamiento emocional. De ahí la importancia en la manera en la que el pequeño vive el proceso.

Pasos en el proceso:

  1. Dice tengo pis/caca cuando lo tiene en el pañal, hay cierta sensibilidad y es capaz de identificar.
  2. Dice tengo pis/caca antes de hacerlo, pero no le da tiempo a llegar al baño, es capaz de anticipar, pero no de contraer.
  3. Anticipa que quiere hacer pis/caca, contrae y va al aseo.
  4. Controla pis/caca durante el día, pero no en la siesta o por la noche.
  5. Controla durante la siesta, pero no por la noche.
  6. Controla por la noche.

Situaciones durante el proceso:

  • Permanece seco, pero no quiere quitar el pañal. ¿Qué hacer?: Darle tiempo y no mostrar nuestras expectativas.
  • Permanece seco todo el día, pero al sentarse en el váter no hace pis/caca. ¿Qué hacer?: No insistir, sino sugerir. Darle intimidad.
  • Se estriñe. ¿Qué hacer?: No presionar, tranquilizarle y darle tiempo.

Acompañamiento por parte del adulto

Para llegar a la consecución de dicho proceso será necesario llevar a cabo una serie de actuaciones por parte de los padres. Destacamos las siguientes:

  • El control del pis y la caca nunca debe ser un objetivo nuestro, sino del niño.
  • No forzar, juzgar, ni presionar, respetando sus ritmos.
  • No volcar nuestras expectativas sobre ellos.
  • Es fundamental estar presente y fomentar que el niño sea consciente de ello.
  • Anticiparle las acciones que vamos a realizar.
  • Hacer uso de la comprensión y la empatía. En este punto es importante evitar ser excesivamente insistente, regañarle por lo que hace o compararle con sus iguales que sí controlan sus esfínteres. Debemos afrontar “los escapes” con naturalidad y neutralidad, asumiendo que es algo que no puede evitar y tarde o temprano, desaparecerán.
  • Rodearle de un ambiente tranquilo y distendido, ya que el exceso de ruidos, estrés y la presión por querer que se adquiera el control de esfínteres hace que el nivel de activación aumente, lo que fomenta la contracción de los músculos a nivel global y no permita una adecuada adquisición de la conducta de orinar o defecar.
  • Emplear la estimulación. Unas palabras sinceras y amables, refiriéndonos a la conducta que deseamos que se repita en un futuro, son suficientes y realmente eficaces.
  • Es muy importante cuidar el lenguaje: “te acompaño a cambiarte el pañal” en vez de “vamos a cambiarnos el pañal” (también es muy importante diferenciar él/ella-nosotros).
  • Establecer una rutina estable cotidiana, la cual facilitará que exista una mejor sincronía en el ritmo de las deposiciones y micciones.
  • No comparar con otros niños, como hemos señalado, cada uno tiene un ritmo diferente.
  • Poner ropa cómoda.
  • Llamar a las cosas por su nombre.
  • No hacerles sentar en el orinal hasta que salga algo.

 ¿Cuándo está preparado?

Algunos indicadores que nos harían ver que está preparado son:

  • Pregunta qué estamos haciendo en el váter.
  • Quiere sentarse en el váter/orinal por curiosidad.
  • Se esconde para hacer caca.
  • Empieza a decir que se ha hecho pis/caca después de hacerlo.
  • Se quita/baja la ropa.
  • El pañal esta seco.

¡Y recuerda! ¡Ningún adulto sano se hace pis encima! Lo va a controlar antes o después…

¿Qué evitar por parte del adulto?

  • Forzar posturas y desplazamientos desde bebés.
  • Mantenerlos ajenos al cambio de pañal, es necesario que sean parte activa del proceso.
  • Sentarles en el váter/orinal sin más, hay que explicarles para qué vale y qué tienen que hacer.
  • Hacer comentarios sobre el olor o dar muestras de malestar ante los escapes.

¿Cuándo puede convertirse en un problema?

Cuando tiene lugar una Encopresis o Enuresis. A continuación, explicamos cada una de ellas.

La Encopresis (DSM 5) se caracteriza por:

  • Excreción repetida de heces en lugares inapropiados (p. ej., en la ropa, en el suelo), ya sea involuntaria o voluntaria.
  • Al menos uno de estos episodios se produce cada mes durante un mínimo de tres meses.
  • La edad cronológica es de por lo menos 4 años (o un grado de desarrollo equivalente).
  • El comportamiento no se puede atribuir a los efectos fisiológico de una sustancia (p. ej., laxantes) u otra afección médica excepto por un mecanismo relacionado con el estreñimiento.
  • Especificar si:

– Encopresis con estreñimiento e incontinencia por desbordamiento: existen pruebas de la presencia de estreñimiento en la exploración física o la historia clínica.

– Encopresis sin estreñimiento e incontinencia por desbordamiento: no existen pruebas de la presencia de estreñimiento en la exploración física o la historia clínica.

La Enuresis (DSM 5) se caracteriza por:

  • Emisión repetida de orina en la cama o en la ropa, ya sea de manera involuntaria o voluntaria.
  • El comportamiento es clínicamente significativo cuando se manifiesta con una frecuencia de al menos dos veces por semana durante un mínimo de tres meses consecutivos o por la presencia de malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, académico (laboral) u otras áreas importantes del funcionamiento.
  • La edad cronológica es de por lo menos 5 años (o un grado de desarrollo equivalente).
  • El comportamiento no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., un diurético, un antipsicótico) u otra afección médica (p. ej., diabetes, espina bífida, epilepsia).
  • Especificar si:

-Sólo nocturna: Emisión de orina solamente durante el sueño nocturno.
-Sólo diurna: Emisión de orina durante las horas de vigilia.
-Nocturna y diurna: Una combinación de los dos subtipos anteriores.

Recomendaciones lúdicas

Cuentos

Los cuentos son una herramienta magnífica para trabajar con los niños y niñas cualquier tema. Algunos de los que recomendamos para el control de esfínteres son:

  • El libro de los culitos: es un libro muy divertido donde los animales se van sentando en el orinal. El objetivo no es otro que el de trabajar las formas, tamaños y colores de estos animales con la excusa del control de esfínteres.
  • ¿Puedo mirar tu pañal?: un cuento genial, cuyo objetivo principal es la de quitarle el miedo a los niños y a las niñas si es que los tienen alrededor de la caca.
  • Ya soy mayor: anteriormente conocido como «Adiós, cacas, adiós». Un cuento, de «cierta fantasía» que pretende relacionar la caca con ciertas emociones familiares. Las ilustraciones son muy bonitas y vistosas para los niños y niñas.
  • Voy solo al baño / Voy sola al baño: dos libros muy divertidos, con botones para que los niños y niñas pulsen y emiten sonidos tales como: el pipí, la cisterna, pedos, caca…En este cuento-juego, la historia es lo de menos, los niños y niñas se lo pasarán bien jugando con este cuento y normalizando el trabajo de control de esfínteres.
  • Todo el mundo va: trata de hacer ver a los niños y niñas que «todo el mundo va» al cuarto de baño, y que es un hecho cotidiano y normal. Otro punto a su favor es que está hecho de un material resistente y pueden manipularlos sin problemas.

Juegos o actividades

¿Y si hacemos este proceso a través del juego? Será una manera muy divertida y que puede funcionar de maravilla. Aquí mostramos algunas actividades:

  • El juego de las estrellas. En una hoja colorida, pegamos imágenes de niños haciendo popó y pipí en el WC. La dividimos en siete, una para cada día de la semana, y en cada cuadro le colocamos una estrella si lo logra su objetivo. Para ello, debemos primero explicarles en qué consiste este juego y que las estrellas ganadas se convierten en premios sencillos que a nuestro pequeño le guste (no dulces, por ejemplo, juegos, besos, abrazos…).
  • Utilizar un muñeco que se convierta en su mejor amigo en estos momentos y que le acompañará a ‘que haga pipí o caca como él o ella’.
  • Jugar con agua. Está relacionado con estimular las ganas de hacer pis. Puedes valerte de embudos y botellas con tapones para explicarle que si hacemos un pequeño esfuerzo, podemos aguantar un poco (como si pusiésemos el tapón), hasta llegar al váter. Es una forma muy práctica de explicarles el concepto del control de su cuerpo.
  • Jugar con plastilina. Puede ser un buen entrenamiento para que los niños se relacionen con sus propios excrementos, ya que para ellos generalmente es más fácil lograr hacer pis en el orinal, que hacer caca. Puedes jugar a hacer cacas de plastilina y tirarlas en un vaso de plástico hasta que alguno logre meterlo dentro, mientras asocias con palabras a que debemos hacer lo propio con los nuestros, pero dentro del orinal (o váter).
  • Ropa interior divertida. Esta idea es muy simple, pero a menudo efectiva. Los menores tienden a olvidarse qué ropa interior llevan puesta. Si cada vez que tienen que hacer sus necesidades ven, y recuerdan, que llevan calzoncillos o braguitas con dibujos de sus personajes preferidos, esto les parecerá divertido y asociarán sensaciones positivas a ese momento. De esta manera, hasta puede pasar que, en cuanto sientan ganas de orinar o defecar, les vengan a la mente estos personajes y acudan al baño para poder «estar con ellos».