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De los 4 meses a los 8 años de edad.

El juego en la infancia es una forma de explorar y de relacionarse con el mundo.

Está presente desde que nacemos; por ejemplo, la manera que tienen de interaccionar las personas con los recién nacidos se basa en las muestras de afecto (abrazos, besos, etc.) y en el intento de juego, poniendo caras, meneando un peluche ante sus ojos, etc.

El juego permite obtener una gran cantidad de información acerca de las personas: cómo interactúan en grupo, cuáles son sus intereses, a qué ponen más atención, qué capacidad tienen para acatar las normas, cómo gestionan una victoria o una derrota, si prefieren interactuar con los demás o si por el contrario prefieren juegos más individuales, qué capacidad de imaginación poseen…

Los amigos imaginarios

Esta capacidad de imaginar puede observarse de manera muy significativa en los niños más pequeños, que pueden hacer de una caja de cartón un castillo e incluso en muchas ocasiones cuentan con compañeros de juego imaginarios que les acompañan en sus aventuras.

A diferencia de lo que muchas personas creen, tener amigos imaginarios es un proceso normal en ciertos estadios del desarrollo como son los tres y cuatro años. Algunos niños a través de la fantasía infantil crean amigos imaginarios con los que juegan y charlan, les ponen nombre propio e incluso en ocasiones también les atribuyen rasgos físicos y de personalidad muy marcados. Aunque insistan en que estos amigos imaginarios son reales, suelen distinguir su carácter imaginario.

Esta capacidad de imaginación perdura normalmente hasta los seis años, donde los niños comienzan lo que se denomina la “edad de la razón”. Como hemos citado anteriormente, el hecho de que un niño tenga un amigo imaginario pone en alerta a los adultos, sin embargo, se trata de algo completamente normal. En este tipo de situaciones es importante no ridiculizar a los niños o decirles que están mintiendo, puesto que ellos mismos saben que es algo producto de la fantasía.

El juego en bebés

Cada edad y cada periodo evolutivo tienen sus características en cuanto a la forma en la que se comunican los niños, la manera en la que interactúan con los demás o los intereses que muestran, ¡y con la capacidad de juego no iba a ser menos! En función de la edad de cada niño se mostrarán unas capacidades y unas preferencias de juego distintas.

La realidad es que no puede concebirse una infancia sin juegos y esta capacidad ya está presente desde que el niño tiene apenas unos meses de vida.

  • Concretamente hacia el cuarto mes de vida tiene lugar un cambio fundamental en la capacidad de juego de los bebés, puesto que desarrolla de manera significativa la capacidad de coordinar sus movimientos con el sentido de la vista: comienzan a agarrar objetos con sus manos.
  • Hacia los seis meses, cuando el niño adquiere la capacidad de sentarse, su campo de visión le permite ampliar su interés a otro tipo de objetos, cogiendo los objetos cercanos que más le interesan para jugar con ellos o dejarlos cuando quiera. En este periodo de edad, entre los cuatro y seis meses, el juego que prevalece es el conocido “escondite”, el bebé juega a abrir y cerrar los ojos, haciendo aparecer y desaparecer el mundo. También hacen uso de los sonajeros o de juguetes sonoros que hacen aparecer y desaparecer el ruido y que les permite poco a poco adaptarse a diferentes estímulos sonoros. El juego en sí mismo se concibe desde muy temprana edad como una forma de comprender y de expresarse para los más pequeños.

 

 

  • A partir de los seis meses, el juego del escondite que les permite “aparecer y desaparecer” deja de ser el juego de interés principal para dejar paso a un nuevo interés a la hora de jugar: sacar y meter cosas. Este tipo de juegos les permite conocer la idea del “dentro, fuera”.
  • A medida que su edad avanza, los intereses se amplían con la llegada del gateo, y alrededor de los ocho y los doce meses los niños van poniendo en práctica el aprendizaje del caminar, que les permite junto con el gateo ampliar su campo de interacción y su capacidad de explorar nuevos escenarios de juego.

Durante esta etapa los niños emplean infinidad de medios para jugar: agujeros, las manos, los enchufes, los agujeros de las cerraduras… todo lo que se nos pueda ocurrir.

  • Hacia el final del primer año, los doce meses, los niños muestran un especial interés en interactuar con el barro y con la arena, manejándolos y creando figuras que posteriormente plasmarán también en el uso de la plastilina. En este periodo los niños también muestran interés por objetos materiales inanimados como las pelotas, los peluches… que les permiten poner en práctica su capacidad motriz. Los peluches y muñecos también permiten observar como desde muy pequeños los niños ejercen muestras de amor, e incluso descargan a veces su rabia sobre ellos.

Las salidas al parque cuando el niño tiene un año son un ejemplo claro de las preferencias de juego que se tienen a esta edad, puesto que se interesará más en los juguetes que el otro niño pueda tener antes que en el propio compañero de parque. Aprenderá poco a poco a jugar con otros niños, pero no es hasta los tres o cuatro años cuando aparece el juego compartido con otros niños, y cuando aparece esta curiosidad hacia el compañero de juego lo hace de manera reducida, es decir, los niños más pequeños prefieren grupos pequeños a la hora de jugar. Esto se irá ampliando según van pasando los años, puesto que los niños más mayores sienten preferencia por los grupos grandes de compañeros para el juego.

El juego de 2 a 5 años
  • A los dos años de edad se pone de manifiesto la idea de que los niños no necesitan los mejores ni los más lujosos juguetes; a esta edad le resultan más atractivos los objetos grandes que pequeños, y también los juegos centrados en meter cosas dentro de otras. Los juegos con otros niños pueden darse a esta edad, aunque de nuevo estarán más interesados por el juguete que por el compañero de juego.
  • A los tres, cuatro y cinco años los niños presentan una actividad y una curiosidad que no entiende de límites. Desarrollan nuevas habilidades y conocimientos, tienen más control motor sobre su propio cuerpo y su capacidad de expresarse y así los plasman también en el juego. Una gran manifestación que se da en el juego durante esta etapa es la capacidad de “simular”, de manera que comienzan a representar diversidad de situaciones, personajes y actividades. El juego a esta edad es sinónimo de fantasía, magia, imaginación y creatividad. Además, en esta etapa, el interés por relacionarse con los demás empieza a ser más creciente, algo que también se ve reflejado en la capacidad de juego.

 

 

Los juegos de representación alcanzan su apogeo en estas edades, es lo que se denomina como “juego simbólico” y que permite a los niños desarrollar toda su imaginación y creatividad. La razón por la que el juego a estas edades se denomina así es porque es un juego basado en actividades (mayoritariamente) que no están presentes; es decir, el niño juega a base de imaginarse distintas actividades. Esto le permite también expresarse y manejar sus sentimientos. Los niños crean distintas situaciones y personajes dando rienda suelta a su imaginación.

  • Los tres años están más marcados por un juego simbólico pero individual (le ponen voz a sus muñecos, se imaginan que son el profesor de la clase, etc.).
  • A los cuatro años los niños van mostrando más interés por los juegos en pequeños grupos, y también pueden dar rienda suelta a su imaginación creando amigos imaginarios. Acudir a parques o invitar amigos a casa a esta edad es positivo para que los niños aprendan a jugar con otros niños, pero los padres también juegan un papel importante, ya que cuando un adulto juega con un niño le está mostrando que es importante, le está dedicando tiempo e interesándose por él y por sus intereses a la hora de jugar, por ello, es bueno que los niños jueguen con sus semejantes pero también es importante que los padres les dediquen tiempo para jugar con ellos.

La plastilina, los “lego”, los objetos que permiten construir diferentes cosas o materiales para dibujar y pintar son los más interesantes para niños de estas edades. Los disfraces, muñecos e incluso libros de imágenes también son recursos muy útiles a la hora de favorecer el juego y la imaginación.

Las características fundamentales del juego a estas edades serían sin duda la espontaneidad, la creatividad y la imaginación, y aunque comiencen a interesarse por los compañeros de juego, los juegos reglados y en grupos grandes prevalecen en edades posteriores.

  • A los cinco años pueden introducirse juegos con reglas sencillas como podría ser el juego de la oca, el tres en raya… pero siempre atendiendo a la edad recomendada de este tipo de juegos reglados. En relación al juego basado en ordenadores y videoconsolas la realidad es que a estas edades los niños no poseen las habilidades ni el desarrollo suficiente para jugar a determinados juegos electrónicos, sin embargo, a estas edades empiezan a tener contacto con dispositivos electrónicos de juego. Aunque los juegos electrónicos presenten ciertos beneficios, es necesario limitar el tiempo que los niños dedican a estos, así como controlar el contenido de los juegos e impedir que las videoconsolas aparten del todo a otro tipo de juegos como pueden ser los más tradicionales: jugar con muñecos, pintar, dibujar, hacer construcciones…

 

 

El juego de 5 a 8 años

Los seis, siete y ocho años marcan un nuevo periodo evolutivo en cualquier niño, y esto se manifiesta también en los intereses que los niños muestran a la hora de jugar.

Si en edades anteriores los niños no sentían “necesidad” de crear grupo para jugar o si lo hacían se basaba en grupos pequeños, a partir de los seis años el juego se convierte en una gran oportunidad para comenzar a forjar ciertos lazos de amistad.

A través del juego los padres pueden llevar a cabo una gran labor educativa, por ello es importante que dediquen tiempo a jugar con sus hijos, ya que además esto propicia que los lazos familiares se hagan aún más fuertes, recordemos que a todos nos gusta que nos presten atención y afecto, y a los niños les sucede lo mismo, por tanto, si los padres dedican a jugar tiempo con ellos se sentirán importantes y dignos de su afecto.

En relación a lo anterior, los niños en este periodo muestran preferencias por jugar en la compañía de otros niños. Esto no significa que del juego no vayan a derivarse peleas o discusiones, pero esta es también una manera de aprender a gestionar este tipo de situaciones con los iguales. La función del adulto pasa a un segundo plano, limitándose a ofrecer ideas para el juego, vigilar y en ciertas ocasiones poner normas o límites.

En esta etapa los niños comienzan a entender los juegos reglados, aunque no respeten siempre las normas, ya que el afán por competir y por ser el ganador de los juegos es algo que comienza a ser importante a estas edades: disfrutan de las victorias en el juego por el simple hecho de ganar, y la derrota les supone algo catastrófico. Por ello, es importante que los adultos lleven a cabo la enseñanza de que es importante respetar al resto de jugadores, que no siempre se puede ganar y que es importante gestionar tanto las victorias en el juego como las derrotas. El juego cumple diversas funciones de aprendizaje para los niños puesto que les enseña a superar ciertos retos, a trabajar el autocontrol y también a aceptar situaciones desagradables, como las que pueden darse cuando uno es el “perdedor” del juego.

Si antes los niños mostraban preferencias por los objetos que podían manipular, los niños en esta etapa sienten preferencia por los juegos que demandan una gran actividad física: montar la bicicleta, saltar a la comba, jugar al fútbol, patinar… y si es en compañía de sus iguales, mucho mejor.

También sienten preferencia por los juegos de mesa, y ante esto surge la pregunta ¿Hay que dejar ganar siempre a los niños? La respuesta es no. Los niños deben aprender que a veces ganarán y otras veces perderán, y el modelo adulto en este tipo de situaciones es de vital importancia, ya que de su actitud aprenderán cómo gestionar las victorias y las derrotas.

Los videojuegos también entran dentro de los intereses de los niños a estas edades y, como hemos citado anteriormente, no puede evitarse que los niños sientan preferencias ante este tipo de juegos, sin embargo, es necesario limitar el uso de los dispositivos electrónicos e intentar que estos no desplacen a los juegos tradicionales en los que el niño se encuentra activo físicamente y también enlaza relaciones con otros compañeros de juego.

 

Sarah Leal Gómez

Psicóloga de Raíces Psicología

 

 

 

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