Es habitual que los hermanos se peleen en casa, sin que eso signifique que se odien, que no puedan vivir juntos o que sea necesario separarlos de ambiente aunque, ciertamente, la convivencia en ocasiones se hace difícil.

Los motivos por los que pelean suelen ir cambiando a lo largo del tiempo y dependen de su edad, momento evolutivo, años de diferencia entre ellos, etc.

En un principio, el mayor puede presentar celos ante al nacimiento del pequeño, pueden discutir posteriormente por los juguetes, los videojuegos, por el programa que poner en la tele, por los amigos…

Tenemos que recordar que los niños y niñas más pequeños pasan por una fase egocéntrica, en el buen sentido de la palabra, que les hace centrarse en sí mismos y en sus propias necesidades, por lo que entrarán en conflicto con otras personas si tienen que compartir sus cosas, la atención de sus padres, etc.

Si la situación se mantiene en el tiempo y las discusiones son constantes o muy fuertes, hay ciertas medidas que podemos tomar para mejorar la situación.

que hacer cuando los hermanos discuten

Lo primero que debemos tener en cuenta es que nuestro modelo y ejemplo es esencial a la hora de que los hijos aprendan cómo comportarse y resolver un conflicto. Si nosotros ante una situación frustrante, como puede ser que se estén peleando, perdemos la paciencia, gritamos y nos descontrolamos, es más probable que ellos reaccionen de la misma manera cuando exista un problema con su hermano (o con otras personas).

En el momento de la pelea muchos padres recurren a explicaciones sobre no gritar, hablarse con respeto, quererse porque son hermanos y tienen que llevarse bien…

Ese es precisamente el momento en que los niños son menos receptivos a entender, ya que están enfadados. Es mejor dejar la reflexión para después, en un momento en que se encuentren tranquilos y podamos hablar con ellos desde la calma. Los niños tienen derecho a enfadarse y a expresar su descontento, pero tienen que encontrar maneras de hacerlo sin faltarse al respeto o golpearse, y eso es algo que hay que afrontar como un aprendizaje más.

relación entre hermanos

Un error habitual en las peleas entre hermanos es la intervención por parte de los padres, con lo que llevan el problema al plano de los adultos, en el que todo es más complicado que en el de los niños.

Los niños y niñas son capaces de pelearse y, prácticamente de forma inmediata, jugar juntos otra vez. En cambio, los adultos cuando pelean o regañan mantienen durante más tiempo el enfado y lo agrandan (sabemos incluso que discusiones entre adultos pueden llevar a no dirigirse más la palabra el resto de sus vidas, lo que sería inimaginable en el caso de los niños).

Cuando decidimos intervenir, es mejor que lo hagamos de una manera neutral, sin posicionarnos a favor de uno de los hermanos, si no recalcando las formas que están utilizando para tratarse, haciéndoles ver que son inadecuadas, pero no intentando resolver por ellos el problema.

que hacer cuando los hermanos se pelean

Otra medida útil en estas situaciones es distraer su atención cuando vemos que el ambiente empieza a caldearse y es probable que venga una discusión pronto.

Sacar a uno de los dos de la situación, no como un castigo, si no como una forma de desviar la tención, les distrae de lo que están haciendo y evita muchas peleas cuando vuelven a juntarse, ya que tienen otro estado de ánimo y quizá el motivo por el que peleaban ya no tiene sentido en ese momento. Podemos pedirles que nos ayuden con la cena, que vayan a buscar algo a otra habitación o que nos enseñen un dibujo que han hecho.

Otra situación que puede darse es que las peleas entre hermanos surjan como una manera de atraer la atención de los padres.

En muchas ocasiones los niños están portándose de la manera que nosotros queremos, están tranquilos, jugando juntos y sin discutir. Normalmente en estos momentos es cuando no prestamos atención a los hermanos ni reforzamos esa manera de comportarse adecuada, pero en cuanto empiezan los gritos y las peleas dejamos lo que estamos haciendo para llamarles la atención, intentar mediar o enfadarnos, en definitiva, prestarles atención. Como sabemos, la atención es una de las preferencias de los niños y niñas y harán lo posible por obtenerla, aunque sea de una manera inadecuada.

Aquí hay muchas corrientes de psicología que recomendarán ignorar a los niños y hacer como que no les vemos, ya que solo quieren llamar la atención. Desde un enfoque más respetuoso con la infancia y con nuestros hijos, sería más útil ponernos en su lugar y darnos cuenta de que lo que está ocurriendo. Lo importante es analizarnos a nosotros mismos para ver qué consecuencias tiene nuestro comportamiento en los niños y como mediante nuestra atención reforzamos más unos comportamientos que otros, no se trata de dejar de hacerles caso, si no de ir variando el foco hacia lo positivo.

Estamos muy acostumbrados a corregir, regañar, fijarnos en lo negativo, pero no es tan habitual que les hagamos saber que estamos contentos con ellos, con su comportamiento en un determinado momento, con los ratos que pasan juntos sin pelear, cuando se ayudan o se defienden uno al otro.

En resumen, debemos tener en cuenta que es un comportamiento relativamente normal que suele desaparecer con la edad y que obedece a diferentes causas, por lo que debemos intentar averiguar lo que está ocurriendo antes de regañar a los niños y mediar en sus peleas. Es más útil distraer su atención o reforzar aquellos comportamientos más adecuados con los que todos los miembros de la familia nos sentimos más contentos.

Si aparecen dudas en una situación concreta, siempre viene bien recordar la regla de oro en la crianza:

Verónica Pérez Ruano. Raíces Psicología