Solemos pensar que acompañar a nuestros hijos en su crecimiento a menudo será un camino lleno de vivencias alegres, satisfacciones y momentos compartidos felices, pero es una vez que nos convertimos en padres, sabemos que también hay una parte de la crianza que se caracteriza por momentos desafiantes y que nos ponen a prueba.

Uno de estos desafíos que a menudo pueden presentarse es cuando nuestro niño/a presenta un comportamiento tirano, lo que nos puede llevar al límite de nuestros recursos como padres y dejarnos sin herramientas para acompañar su educación.

También es habitual como padres ver cómo nuestro hijo sufre con esta situación y lo pasa mal. Aunque nos rete de manera continua, si observamos con detenimiento podremos ver a un niño que se siente perdido y que no tiene otra manera de relacionarse con nosotros.

A continuación, veremos una serie de estrategias para abordar estas situaciones si nuestro niño presenta un comportamiento tirano.

Pero primero, ¿qué significa ser un niño tirano?

Hablamos de un niño tirano cuando manifiesta conductas basadas en la manipulación, la obstinación y las faltas de respeto.

Es importante distinguir comportamientos que pueden parecer tiranos pero que realmente esconden un profundo malestar de nuestro niño, dolor que está legitimado y que son un verdadero grito de auxilio: Las rabietas, los conflictos por la convivencia, las diferencias de opinión y la búsqueda de independencia.

Cuando hablamos de un niño tirano, lo hacemos cuando no encontramos una explicación para su comportamiento agresivo y manipulador con nosotros. Cuando tiene una familia que se relaciona con él desde el respeto y la empatía pero recibe por su parte un trato incluso vejatorio.

Cuando un niño presenta un comportamiento tiránico, la convivencia puede volverse compleja. Y si hay otros hermanos en casa, puede que estemos hablando incluso de abuso de poder por parte de uno de ellos.

De la misma manera, es necesario señalar que los niños no son tiranos por naturaleza.

Tres situaciones son las más comunes para explicar este comportamiento:

  1. Existen necesidades no cubiertas. Como por ejemplo, cuando no hay suficiente presencia por parte de sus padres, por lo que manifestará con ira esta necesidad.
  2. Está ocurriendo algo que le hace cambar su carácter para protegerse. Por ejemplo, está siendo acosado en el colegio, o viviendo la separación de sus padres, donde uno de los progenitores le está hablando mal del otro progenitor, lo que provocará un comportamiento muy desregulado.
  3. Le faltan herramientas para abordar sus emociones. Aquí seremos nosotros como padres, los encargados de ofrecerle estrategias para gestionar estas emociones a las que no sabe hacer frente.

La buena noticia es que, como padres y madres, podemos utilizar la psicología respetuosa para ayudar a nuestros hijos a superar estas dificultades y desarrollar una actitud más positiva.

¿Qué es la psicología respetuosa?

La psicología respetuosa aplica los principios de la psicología infantil y juvenil (neurociencias, teoría del apego y conocimiento sobre el desarrollo evolutivo) pero reconociendo al niño como a un ser humano con derechos y necesidades propias.

No se trata, como erróneamente se ha interpretado, de dejar que los niños “hagan lo que quieran”, sino que defiende que se pueden poner los límites claros y firmes y a la vez criar con respeto, amor y empatía, buscando siempre el desarrollo integral del niño y su bienestar.

¿Cómo aplicar la Psicología Respetuosa y cuando veo que mi hijo es un tirano conmigo? 10 estrategias

  1. Si tu hijo presenta un comportamiento tiránico, es importante evitar entrar en conflicto con él, ya que probablemente lo que busca con esa actitud es la confrontación y mostrar un comportamiento negativo y desafiante.

Si en ese momento solo busca la confrontación, deja la conversación para más adelante.

  1. El ejemplo por tu parte será fundamental para solucionar este problema. Si tu actitud es tranquila y educada, incluso cuando tu niño no lo está siendo, estarás dejando claro cuál es la manera correcta de hablarnos y relacionarnos en casa. Volvemos a insistir, eso no significa que el niño se esté saliendo con la suya. Pero hablar con respeto a tu hijo no es algo que el niño se tenga que ganar, nosotros somos los adultos y tendremos que relacionarnos de manera correcta con él.
  2. Escucha lo que tenga que decir. En ocasiones, estamos tan centrados en las formas que utiliza para expresarse y con las que nos habla, que obviamos el mensaje, que puede ser lo más importante. Aunque te cueste porque puedas estar enfadado, es necesario comprender sus emociones y necesidades que nos quiere expresar.
  3. Mantén la calma. Si gritas o le insultas solo estarás dejando claro que esa forma de comunicaros es válida en casa. Y de nuevo, tu ejemplo será lo que determine qué comportamientos son o no aceptados en casa. No podemos pedirle chillando a un niño que no grite.
  4. Los límites y normas en casa tienen que estar claros y ser estables. No podemos cambiarlos en función del humor que tengamos ese día o de la paciencia que tengamos para hacer que se cumplan. Las normas hay que explicarlas con un lenguaje sencillo, asegurándonos que entienden por qué las ponemos. Eso no significa que siempre vayan a estar de acuerdo con nuestras normas, pero si están basadas en necesidades del propio niño y son lógicas y coherentes, tienen que aplicarse aunque al niño le parezca que no son aceptables.
  5. No hacer que los límites y normas parezcan castigos. Si ya le hemos explicado las normas, nos tendremos que asegurar de que se cumplen siempre. Y no solo cuando el niño hace algo malo, que las traemos de nuevo como si fuera una consecuencia desagradable por su comportamiento. Nuevamente, si las normas están basadas en las necesidades del niño y son lógicas, nos tendremos que asegurar que se cumplen siempre.
  6. Si a nuestro niño le cuesta aceptar los límites, será necesario ser consistente. Si cambiamos continuamente de opinión sobre lo que le permitimos hacer y lo que no, solo conseguiremos que el niño “pruebe” cada día hasta dónde puede llegar, ya que no hay una consistencia sobre los límites. Por lo tanto, no le podremos culpar después de insistir e intentar salirse siempre con la suya, ya que nosotros estamos favoreciendo ese comportamiento.
  7. Los valores en casa son importantes y podremos hablar de ellos en muchas situaciones distintas, no siempre centrándolo en el comportamiento del niño, ya que así solo conseguiremos que se cierre y no escuche. Cuando vemos una película, observamos una situación por la calle o nos cuenta algo que ha pasado en el cole, podemos aprovechar para hablar con él y reflexionar acerca de qué comportamientos son aceptables y cuáles no. Podremos ver porqué algunas maneras de comportarse no son justas y qué podemos hacer en su lugar.
  8. Si necesitas contar con un profesional de la Psicología Respetuosa porque sientes que no tienes recursos para hacer frente a esta situación, aprenderás técnicas y estrategias que podrás implementar en casa después, como la resolución de problemas, la comunicación no violenta, las autoinstrucciones y las consecuencias naturales, que son diferentes de los castigos. Veremos más abajo algunas de estas cuestiones.
  9. Los cambios necesitan tiempo, por lo que tendrás que ser paciente con el cambio que vayas a llevar a cabo. Si comienzas a realizar las cosas de otra manera y al no ver resultados la primera semana, te desanimas y abandonas, no estarás dando tiempo al niño para integrar los cambios y adaptarse a la nueva situación en casa. Es necesario tener paciencia y repetir mucho.

Los resultados rápidos e inmediatos que se consiguen con chantajes (por ejemplo, “si haces esto, te compro aquello”) o con castigos (como por ejemplo, “si no vienes ahora mismo, no juegas con la tablet”) son poco sostenibles en el tiempo y solo provocarán que tengas que estar continuamente amenazando a tu hijo o sobornándole para que podáis tener una convivencia tranquila, y eso es poco deseable.

¿Qué puede aportarme la Psicología Respetuosa para ayudarme a resolver la situación?

En ocasiones, si nuestro niño tiene un comportamiento tirano que no sabemos reconducir o que no entendemos de donde viene, podemos vernos desbordados y sin recursos para afrontar la situación.

En estos casos es muy recomendable contar con un profesional de la psicología infanto-juvenil que nos pueda orientar acerca de cómo resolverlo.

Aunque el psicólogo estudiará vuestro caso de manera particular y aplicará una intervención basada en la evidencia que se ajuste a vuestra situación, algunas de las cuestiones que puedes esperar de la intervención serían:

  • Aprender estrategias de comunicación no violenta, que puedan ayudarnos a comunicarnos con el niño de manera más eficiente y sin conflictos.

De la misma manera, el niño también aprenderá estrategias para que su comunicación sea más abierta y no tenga necesidad de recurrir a faltas de respeto para comunicarse con nosotros.

  • En esta misma línea, el aprendizaje sobre escucha activa será fundamental, para ser capaces de comunicarnos de verdad, no interpretando lo que la otra persona quiere decir, si no comprendiendo en profundidad.

Será necesario trabajar con el niño sobre el porqué son importantes los límites que sus padres ponen en casa y cómo cuando sea capaz de escuchar a su familia, podrá ser ayudado de verdad.

  • Un psicólogo te ayudará a poner los límites y las normas en casa de una manera clara, precisa, coherente y comprensible para tu hijo. En ocasiones las familias no saben cómo salir de esta situación. Aunque la teoría en muchas ocasiones está clara, no es fácil aplicarla en casa. Un profesional de la salud mental y el comportamiento infantil os puede dar pautas que os ayuden a abordar las situaciones conflictivas en casa.
  • Se cuidará la salud emocional del niño. Fomentando que pueda sentirse orgulloso de cómo se comporta, ya que son niños que habitualmente están muy señalados por su mal comportamiento, lo que puede provocar una autoestima deteriorada.
  • El niño podrá aprender herramientas que le faciliten responsabilizarse de sus acciones y no culpar a agentes externos de su comportamiento.
  • Se le enseñarán estrategias de toma de decisiones, que fomenten el pensamiento crítico ante diferentes alternativas.
  • Nos recordarán la importancia de mantener espacios agradables, y que no solo nos centremos en lo negativo y en lo que hay que corregir, sino que también podamos divertirnos, jugar, mostrar afecto, querernos mucho y decírnoslo abiertamente a la cara.
  • El respeto mutuo será fundamental durante todo el proceso. Todos estamos aprendiendo a hacerlo de otra forma, no buscamos culpables en esta situación, sino como avanzar de manera conjunta como familia que se quiere y se respeta.
  • Si le cuesta resolver problemas, tendremos que enseñarle estrategias de resolución de problemas y conflictos, para que de manera pacífica pueda enfrentarse a las diferentes situaciones complejas de la vida, sin necesidad de caer en comportamientos dañinos.
  • Que el niño gane autoconfianza, que sienta que es una persona valiosa y responsable que puede resolver las situaciones difíciles, porque sabe cómo hacerlo, sin necesidad de enfadarse.
  • Y por último y quizá lo más importante, que el niño sea feliz. Habitualmente encontramos a niños muy desregulados emocionalmente, que lo están pasando francamente mal pero que están etiquetados como niños malos, tiranos, maleducados, etc.

Los niños catalogados como tiranos habitualmente son niños con una gran sensibilidad, pero que están atravesando un mal momento y no conocen otra forma de comportarse. Por nuestra experiencia, estos niños están deseando que alguien les ayude a cambiar la situación y son muy receptivos a implementar otra manera de actuar y comportarse.