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A menudo muchas familias se sienten desbordadas debido a los conflictos que surgen entre los hermanos, tanto en el ámbito familiar como fuera de él.

Las familias pueden intervenir de manera directa en el ámbito familiar y esto repercutirá también en otros entornos.

Es cierto que las discusiones son inevitables, puesto que discutir con alguien es sinónimo en muchas ocasiones de un desacuerdo, y no podemos estar siempre de acuerdo todos con todos. Pero, aunque no sea posible ni deseable evitar todas las discusiones, sí es posible enseñar y ser ejemplo de cómo actuar ante una discusión.

En las familias, los progenitores o figuras de referencia y apoyo serán el ejemplo para los más pequeños, de manera que los niños que tengan referentes que sepan gestionar de manera calmada y asertiva una discusión, desarrollarán con mayor probabilidad este estilo de comunicación. Sin embargo, si los niños y niñas reciben el ejemplo de personas que se insultan, se faltan al respeto e incluso llegan a ejercer violencia física, aprenderán esta manera de afrontar los conflictos.

A la hora de intervenir cuando los hermanos discuten, hay que tener en cuenta varios aspectos:

¿Qué ejemplo estoy dando para que los hermanos tengan una buena relación?

Los niños aprenden cómo actuar ante todas las situaciones principalmente de su ámbito familiar, es decir, las respuestas ante un enfado, ante la alegría o ante una decepción serán reflejo de aquello que han observado en sus padres o en sus figuras de referencia más cercanas.

Si en casa observan que cuando existe un conflicto se pueden hablar las cosas, existe un clima de no violencia, respuestas asertivas y actitudes de tolerancia, seguramente ellos adquieran este tipo de actitudes, y cuando tengan que enfrentarse a una situación de conflicto reproducirán este tipo de actitudes.

Si en casa se respira un ambiente de hostilidad, no existe espacio para la comunicación y existe violencia verbal, entonces esto será reproducido por todos o por la mayoría de los miembros de la familia, incluido entre hermanos y hermanas.

¿Qué edad tienen los hermanos?

Como hemos dicho, los conflictos son inevitables y forman parte de la vida de todos los seres humanos, independientemente de la edad. Lo que sí varía con la edad es la capacidad de respuesta.

Esto quiere decir que un niño de dos años será incapaz de llevar a cabo un razonamiento que le permita evitar una discusión. Por ejemplo, si quiere jugar con un juguete le dará igual que su hermana esté jugando con él. Sin embargo, a medida que los niños y niñas se van haciendo mayores será posible conseguir que ante una discusión adopten diferentes roles y actitudes.

¿Por qué discuten los hermanos? ¿Qué actitud adopto yo?

Los motivos por los que dos hermanos pueden discutir son infinitos. La convivencia genera roces y es inevitable que esto no afecte a la relación entre hermanos y hermanas, de la misma manera que se pueden tener roces con otros miembros de la familia.

Te dejamos a continuación los motivos más frecuentes por los que pueden discutir los hermanos y qué podemos hacer.

  • Mi hermano está usando algo que quiero usar yo.

Los niños más pequeños tendrán más dificultades para compartir las cosas que para ellos son importantes y es importante respetar a cada niño de manera individual. En estas ocasiones, una alternativa para cuando un peque está jugando y su hermano quiere jugar con el mismo objeto, es establecer turnos, de manera equitativa.

Es importante entender que hay ciertos juguetes o objetos que son muy importantes para la persona, y que no tienen la obligación de tener que compartirlo, de la misma manera que los adultos, por ejemplo, no compartimos nuestro coche con el vecino, por mucho que le pueda gustar nuestro coche. Esto viene a decir que muchas veces exigimos cosas a los niños que los adultos no hacemos.

  • Las discusiones entre hermanos a veces son un signo de necesidad de atención.

Si la única ocasión en la que reciben atención por parte de sus familias es cuando les regañan por discutir con sus hermanos, entonces, aunque obtengan regañinas seguirán llevando a cabo las discusiones, porque solo de esa manera reciben atención. En estos casos es importante prestar atención a qué actitudes hacemos caso.

Si ponemos el foco en las discusiones, entonces lo más seguro es que estas sigan repitiéndose. Si ponemos el foco en cuando los hermanos o hermanas son amables y cariñosos entre ellos, entonces posiblemente estas situaciones se repitan con mayor frecuencia. Es importante señalar aquellas actitudes y comportamientos que nos gustan y nos hacen sentir bien, frente a señalar constantemente aquellos que no nos gusta.

  • En ocasiones, las discusiones entre hermanos llevan tanto tiempo existiendo que cuando se quiere poner remedio es difícil puesto que estas dinámicas ya se han establecido como algo “común” dentro de la relación de hermanos.
  • Las discusiones entre hermanos pueden ser un signo de que algo no marcha bien dentro o fuera de la familia. En estos casos es importante prestar atención sobre todo si se trata de hermanos/hermanas que no discuten con frecuencia, pero llega un día en que las discusiones en casa son frecuentes. Esto puede suponer un signo de alarma y se debe atender e intentar comprender por qué de repente se ha producido un cambio de conducta.

Es normal que padres y madres se sientan desbordados cuando los hermanos tienen discusiones constantemente. Por ello, es importante que los adultos reflexionen sobre cómo actúan cuando se producen disputas.

-Es importante no tomar partido siempre por el mismo miembro de la familia, o por lo menos, intentar ser lo más objetivos posible, porque de lo contrario habrá uno de los hermanos que siempre será señalado como la persona conflictiva, la persona que siempre genera conflictos, la persona poco empática…  

Y otro de los hermanos será visto como la persona pacífica, en ocasiones incluso llegando a colocarla en una posición de” víctima”. Estas actitudes por parte de padres y madres provoca que el distanciamiento entre hermanos sea mayor.

Si en la familia hay un hermano señalado como “el bueno” o “la buena” y otro señalado como “el malo” o “la mala”, la competitividad y los celos entre hermanos será cada vez mayor, y el principal motivo de que se generen conflictos.

¿Celos entre hermanos? ¿Qué puedo hacer?

En relación a esto último, muchas familias señalan que sus hijos “se tienen muchos celos”.

  • Los niños y niñas necesitan sentirse protegidos y queridos por sus figuras de apego. Es importante que desde el ámbito familiar la autoestima de los niños sea reforzada, evitando que siempre se lleve los halagos uno de hermanos de la familia, y haya otros miembros que no reciban este tipo de comentarios o actitudes de cariño y aprecio.

    En general, no es que los hermanos se tengan celos como tal, sino que lo que “envidian” es que sus progenitores siempre alaben o presten más atención a uno que a otro. Por ello, los progenitores deben esforzarse porque señalar las cosas positivas de cada uno de ellos, sin caer en comparaciones.

    No hay dos hermanos iguales, los progenitores deben esforzarse por conocer las cualidades y fortalezas de cada uno de sus hijos, entendiendo que existirán diferencias entre ellos y que no deben dejar que esto haga mella en su relación como hermanos.

Pongamos un ejemplo bastante frecuente y que a menudo genera conflictos en las relaciones entre hermanos:

En la familia de Pepita y Pepito hay dos hermanos. El hermano mayor es tranquilo y paciente, y la hermana pequeña es muy movida y le cuesta esperar en ocasiones.  Pepita y pepito siempre le dicen a la hermana pequeña que “ojalá fuese como su hermano mayor, que se porta muy bien y es muy tranquilo”.

Este ejemplo sirve para hacer reflexionar en cuanto a cómo puede sentirse la hija menor de esta familia, se espera de ella que sea igual que su hermano mayor, pero ella tiene su propia personalidad y sus virtudes propias, aunque sean diferentes a las de su hermano mayor.

Este tipo de situaciones genera grandes conflictos en las familias, porque en esa familia no se trata a ambos hermanos como personas individuales con sus propios gustos, deseos, virtudes, defectos o fortalezas, si no que siempre se espera que la hermana pequeña se comporte como el hermano mayor, simplemente porque “es más tranquilo”.

Las familias deben entender que los hermanos no son iguales unos de otros, son personas independientes y deben ser tratados todos con el mismo respeto y cariño, evitando comparaciones constantes y evitando que siempre uno de ellos tengan que ser el reflejo del supuesto “hermano modelo”, porque esto solo generará conflictos y celos entre hermanos.

A modo de resumen, para mejorar la relación entre hermanos, las familias podrían:
  • Comprender que cada hermano es diferente, esforzándose por conocer a cada miembro de la familia y apreciar las virtudes de cada uno, evitando las comparaciones constantes y frases del tipo “ojalá fueras como tu hermana”, ya que esto solo hará sentir inferior a uno de los miembros de la familia, negándole la oportunidad de ser aceptado o aceptada tal y como es. Si le pedimos a una persona que se comporte en base a la personalidad de otro miembro de la familia, jamás será capaz de aceptarse a sí mismo y de conocerse, puesto que siempre se esperará de esa persona que sea como alguien que no es.

  • Favorecer un clima de comunicación asertiva, donde los conflictos sean resueltos de manera no violenta, donde haya cabida para la expresión de todos los miembros de la familia de manera equitativa.
  • Tener presente el periodo evolutivo en el que se encuentra cada niño, puesto que esto también determinará la menor o mayor existencia de conflictos entre hermanos, sobre todo cuando ambos hermanos se encuentran en etapas evolutivas de menor edad o se encuentran en el periodo de adolescencia.
  • Intentar no hacer de jueces. Los niños y niñas deben aprender a gestionar los conflictos por ellos mismos, ya que esto favorecerá que cuando tengan conflictos fuera del ámbito familiar puedan tener sus propios recursos para resolverlo. Esto no significa que las familias no deban intervenir si la situación “se pone fea”, por ejemplo, cuando hay agresiones físicas. Si no que, por ejemplo, si no se ha presenciado la escena de conflicto las familias no pueden tomar partido por uno de los hermanos/hermanas, ya que si lo hicieran no estarían siendo justos.

También puede optarse por invitar a los niños y niñas al entendimiento, de manera que se proponga que resuelvan ellos mismos la situación, ayudándoles a poner nombre a sus emociones y sentimientos. En este caso, se les puede aconsejar y proponer alternativas al conflicto, pero siempre sin “hacer de jueces” ni tomar partido por ninguno de ellos, si no adoptando una actitud mediadora, y que las “consecuencias” impuestas sean para todos los participantes del conflicto.

Por ejemplo, si hay una pelea no se puede retirar el muñeco a uno de los niños para dárselo a otro.

Si se retira el “objeto de conflicto” se retira para todos los participantes del conflicto, porque de lo contario estaríamos apoyando a uno e ignorando la posición de la otra persona o personas inmersas en el conflicto.

  • Reflexionar de manera conjunta. Después de un conflicto, se puede reflexionar con los niños y enseñarles herramientas que les permitan en futuras ocasiones resolver los conflictos de la manera más resolutiva y eficaz posible.

Por ejemplo, enseñar técnicas de relajación. Estas técnicas permiten rebajar el nivel de activación y puede ser útil en niños mayores para calmarse ante situaciones de conflicto…

Existen cuentos y películas para niños pequeños que pueden servir de apoyo a los niños para aprender este tipo de herramientas.

  • Tener en cuenta cuándo y cómo se producen las discusiones.

Ante períodos vitales estresantes como puede ser el inicio del colegio, la muerte de un familiar, etc. se puede observar que los niños y niñas se muestran más nerviosos y en ocasiones más violentos, de manera que los conflictos en estas situaciones también pueden aumentar. En estos casos es importante la comunicación y no “castigar” estas actitudes sin antes haber hecho un intento de descubrir qué está sucediendo y a qué pueden deberse estas conductas.

  • La violencia se aprende. Debido a esto es muy importante el ejemplo que los niños y niñas tengan en el ámbito familiar y también fuera de él. Si desde el ámbito familiar se llevan a cabo conductas violentas para resolver conflictos, esta será la manera en la que los niños aprendan cómo gestionar los conflictos. Por este motivo también es importante controlar el contenido al que acceden niños, ya que si consumen videos en internet o películas basadas en la violencia, puede que adopten este tipo de actitudes.
  • La llegada de un nuevo miembro a la familia preocupa en muchas ocasiones a los progenitores, ¿existirán celos entre hermanos?, ¿tendrán una buena relación?

Para favorecer que el hermano mayor no tenga “celos” del nuevo hermanito es importante hacerle partícipe. Es decir, involucrarle en la llegada y los cuidados del pequeño o la pequeña, de manera que se sienta tenido o tenida en cuenta, favoreciendo una buena relación entre hermanos desde el primer momento.

La llegada de un hermanito genera que en el ámbito familiar (y también fuera de él) la atención se dirigida principalmente al bebé recién nacido, y esto puede generar inseguridades en los hermanos mayores, de manera que busquen la atención por medios como pueden ser los conflictos o las peleas, puesto que al final lo que todo los niños y niñas necesitan es la atención y el cariño de sus progenitores, y esta debe ser dada por los progenitores de manera equitativa a todos los hermanos.

Si quieres saber más sobre este tema aquí  puedes leer cómo actuar si los hermanos discuten mucho.

Sarah Leal Gómez

Psicóloga de Raíces Psicología

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